Larga distancia (debatiéndonos), cuento

Lleva mucho tiempo esperando esa llamada, casi una eternidad. Han pasado dos semanas y nada. Sin embargo hoy, justo hoy, salió para olvidar la importancia del reencuentro. No quería hacerlo, tal vez porque pensaba que en ello existiría un dejo de traición. Sí, era eso. Suspender por algunos segundos, algunos minutos o quizás algunas horas su conexión mental era dar la espalda a un futuro promisorio lleno de alternativas mágicas, plagado de aventuras y descubrimientos que no le era concedido a la mayoría (“es que hay tan poca gente en el mundo”).
Olvidar aquel contacto significaba la rutina, volver atrás, sumirse en un pasado conservador, plano y poco gratificante.

Recordaba con claridad el primer acercamiento. Las miradas habían sido algo tímidas e intermitentes. Luego, con el correr de la conversación se volvieron más confiadas y casi podría decirse que alcanzaron cierta complicidad. Vino la separación. Era necesario viajar en el acto y no hubo tiempo para verificar sensaciones. Confiaba en que la vida vuelve a reunir a quienes llevan un mismo estigma. Sólo era cosa de esperar.

Hoy fue al cine y huyó de los fantasmas que acechan día y noche. Hoy tuvo un momento de libertad pero no duró demasiado. Es que la historia predeterminada es algo que puede enloquecer al más cuerdo, sobre todo cuando se basa en la ley de las probabilidades. Paradoja.

Nada más termina la película y el teléfono celular comienza a sonar. En su casa, alguien acaba de recibir una llamada de larga distancia. Del otro lado de la línea sólo informan que intentarán más tarde.

La vida se trastoca. Es hora de correr. ¿Y si no alcanza a llegar? ¿Y si la persona que llama no es quien debiera ser? ¿Y si el mensaje que va a recibir se convierte en un adiós-a-lo-que-aún-no- comienza? (¿Y si…? ¿Y si…? ¿ Y si no? Las grandes frustraciones son causadas por tomar demasiado en cuenta los condicionales).

En fin, el I Ching habla de La Espera, de cruzar la Gran Agua. ¡Algo tiene que significar!
Intenta pensar que nada ha pasado, entra en un restorán, trata de comer pero se le seca la boca y decide partir. Los semáforos se tornan enemigos que disparan a quemarropa con sus lanzas rojas, a cada instante con mayor frecuencia. Todo se detiene excepto el reloj. La hora avanza en forma inexorable.

Otro semáforo, otro cigarrillo. El conductor del auto vecino sonríe, como si comprendiera, como si solidarizara con la situación. Deja que doble en segunda fila coludiendo con la ruptura de límites. Lo mira a los ojos y piensa que está dejando pasar algo pero la vida es tan ágil, tan arrolladora que ofrece sólo un par de grandes oportunidades para quienes son capaces de intuirlas y tomarlas en el momento preciso.

Ahora vienen a su mente recuerdos de otra gran carrera que tuvo lugar cuando comenzaba a descubrir el juego de poder asociado con los roces de cuerpo y alma… ojos, dedos, manos. Manos aladas rozando, poniendo a latir la piel. Lames, muerdo, tratas de llegar. Cabalgas cada centímetro de mi sin tocarme, luego ríes y yo también, porque nos estamos inventado. Parecemos equilibristas sobre el límite. Empujándolo, sutiles, en medio de esta habitación-mundo, nos volvemos amigos-amantes, así sin pausa, cerrando todos los espacios, cómplices del no-todavía, para ser guiados hasta un fin prometedor de otro principio.
Me respiras, te exhalo: armonía y contrapunto, hasta que de pronto los signos se develan y el miedo cae aplastándonos en una lluvia de conceptos, entonces tú me dices que es un juego y yo sonrío haciéndote creer que lo creo.

En esa oportunidad logró ganar pero tampoco pudo conservar el título por demasiado tiempo ya que la relación que se estableció entonces fue poco fecunda, aunque, al menos, le dejó el sabor alucinante que da la experiencia acumulada y que se mantiene guardado en un rincón como un tesoro secreto que no deja huella visible.

Por fin cruza la ciudad y, tras ardua lucha con el temblor de sus manos, logra abrir la puerta y entrar a casa. Un mensaje escrito indica que, hasta hace cinco minutos no ha llamado nadie. Todo está bien, pero…¿Y si en ese pequeño lapso hubiera ocurrido algo?

El silencio reinante provoca pavor. La duda mata. Y aparecen en su cerebro, nuevamente, como tatuadas, dos palabras: La Espera. Es el sino.

En medio de la noche estallan los sonidos de una música que conoce bien y siguen apareciendo imágenes con las que podría llegar a pintar un cuadro de su vida si quisiera hacerlo y si pensara que existe, por lo menos un ser realmente interesado en descubrir un poquito de lo que hay en su alma. Porque una vez oyó que los pintores eran el gremio más solitario de los artistas… a todos les importaba un rábano qué había detrás de esas mezclas tan personales.

No puede pensar con claridad. Intenta leer pero su umbral de percepción está demasiado bajo; entonces puede escuchar tantas cosas a la vez que resulta imposible seguir la trama de la novela con la que, en definitiva, juegan sus manos.

Una, dos tres horas. No ha pegado los ojos. Ya cree que es tiempo de bajar la guardia y dormir un poco cuando, por fin, se escucha el repiqueteo tan ansiado. No lo puede creer y deja que suene un para de veces más, por seguridad.
Se decide y levanta el auricular. Del otro lado de la línea se escucha aquella voz inconfundible…
– Hola… hola

No puede con la emoción. Intenta hablar y su boca no obedece. Es incapaz de contestar.
¿Qué hacer? ¿Y el futuro? ¿Y los cambios? ¿Y las esperanzas?
– Hola… ¿Estás ahí?

Escucha un momento más y corta.

* cuento publicado en ‘Lecturas de Domingo’, Diario La República (Uruguay) en noviembre de 1998.

5 pensamientos en “Larga distancia (debatiéndonos), cuento

  1. Hola Mary:

    Un cuento esplendido. De pronto te mantiene en suspenso, te relaja un poco, vuelve la intensidad. Genera un buen ritmo.

    Lo que me gustaría: Ser el que llama del otro lado de la línea..

  2. El cuento que escribes me hace por momentos pensar en mi vida… oportunidades que he estado esperando y que aún no llegan, o que quizas no he querido que lleguen por miedo a los cambios…
    Quiero agradecer tus palabras en mi blog me han alentando, mantener la confianza de encontrar algo mejor es algo incierto, pero no pierdo las esperanzas…
    Abrazos a la distancia…
    http://bsilva76.blogspot.com/

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