Vi a Ignacio varias veces en algún programa mañanero del 13 y me pareció un niñito copión de Sergio Lagos, o sea uno de los miles de clones sin futuro que se generan cuando llega a aparecer un “modelo único”. Me lo topé un par de veces en el gimnasio y se veía aun más sin gracia. Luego desapareció de mi mapa televisivo. Sin embargo, un día cualquiera, haciendo zapping, descubrí una cara conocida y me quedé atraída por el nombre del programa – Cadena Nacional- aguanté un rato porque me pareció un poquito figurón, tanto que no recuerdo a quién estaba entrevistando.
Pasaron los meses y me volví a detener en el programa. Entonces lo vi con otros ojos. Franzani había madurado y se había convertido en periodista de verdad. Hacía buenas preguntas, había dejado el tonito Lagos y se notaba documentado. Me gustó y me gustó que me gustara. ¿Por qué ? Porque tuve que reconocer que no siempre la culpa es del chancho…la línea editorial de un medio puede darle valor a una figura o puede destruirla. Generalmente sucede esto cuando la formalidad (que viene del latín formalis…forma y no fondo!!!) es la tónica; lo que resulta una estupidez para la empresa porque pierde la escencia de los profesionales intentando unificar. El canal católico cae muchas veces en eso y quienes firman atractivos contratos con la estación no consideran lo importante que es ese OTRO factor. Si uno no puede ser quien es termina convirtiéndose en nadie y pagarle a “nadie” a la larga termina no siendo rentable.
Bueno, también sucede cuando nos vamos al otro extremo: como en el caso del Kike que, aunque gana millones por la masa que lo sigue, nunca tendrá un mayor desarrollo profesional en el área comunicacional porque no es creíble.
En fin, volviendo a lo que “nos convoca”. Ojalá que Franzani no caiga en la tentación de irse a un canal “grande” transando lo que ha crecido.










